BIENVENIDA / O

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YA ESTAMOS EN PRIMAVERA

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No camines delante de mi, puede que no te siga. No camines detrás de mi, puede que no te guíe. Camina junto a mí y sé mi amigo. (Albert Camus, 1913-1960)

lunes, 14 de marzo de 2016

14 de marzo

Me dolían los labios de tanto besar tus recuerdos cuando ya hacía tiempo que habían huido de tu memoria. Estrujaba tu fotografía en mis manos pero no era capaz de retener tu imagen y las lágrimas de tu cara se fugaban entre mis dedos y encima de la mesa se convertían en un lago de emociones. Quería quedarme con ese semblante serio, circunspecto, muchas veces adornado con una sonrisa, pero casi siempre teñido de la amargura a la que te había empujado la vida en los años que caminaste por ella sin otra brújula que el instinto, sin otro abrigo que la decisión y sin otro objetivo que la familia, las familias diría yo. En ese viaje lleno de fatigas, sometido a la intemperie de los inviernos y a los soles del verano, en el que siempre viajabas ligera de equipaje porque en la maleta apenas te cogía otra cosa que no fuera la necesidad, el amor a los tuyos o el deseo siempre insatisfecho de llegar al final de un camino en el que siempre quedaba algo nuevo por andar y algo trágico por descubrir. Hoy puede parecer un día más que acaba en un año más en mi memoria, esa memoria que te abandonó sin compasión antes de que viajaras por el último peldaño de esta escalera de la vida, de nuestras vidas. Es 14 de marzo, una fecha que se llena de imágenes, de penas compartidas, de adioses dolorosos, de retornos que nunca llegaban y de esos amores en la distancia que te laceraban el corazón y llenaban tus sueños de pesadillas y ansiedades. Era un día más en esa espera eterna a la que siempre mirabas con la esperanza de poder ponerle un final. En tu caso nunca se cumplió eso de que "la distancia es el olvido", y aunque había un océano empeñado en arañar tus sentimientos fraternales, eso sólo era un estímulo para estar más cerca de los tuyos, y te derretías con esas cartas que llegaban en sobres ribeteados de rojo y azul, que era como se reconocían en aquellos años las cartas que viajaban en avión. Pronto se nos hicieron familiares nombres como Buenos Aires, Chucrut,Santa Fé o Comodoro Rivadia. Eran los hogares de una parte de nuestra familia. No nos veíamos en los cumpleaños, no comíamos juntos en Navidad, ni compartíamos bodas y funerales, pero siempre conseguías que tuviéramos la sensación de que todos los días estaban a nuestro lado en la mesa o sentados en el banco de la cocina, compartiendo el calor escaso de la lumbre y repartiendo rebanadas de la hogaza untadas en manteca y azúcar. Fueron, que curioso, los últimos que se perdieron en la nube de tu memoria. Te resistías a dejar en el olvido algo por lo que habías tenido que luchar tanto para mantenerlo en tu recuerdo, y en nuestros recuerdos. Quizás ese esfuerzo por mantener vivos a los ausentes acabó agotando todas tus reservas de memoria. Primero fueron túneles, cortos, después más largos. Más tarde oscuridades inmensas y al final un muro permanente, impenetrable y oscuro que impedía ya para siempre el tránsito de tus emociones, de tus recuerdos y de tus imágenes. Las fotografías de tu vida fueron perdiendo foco, se emborronaban las caras y los gestos y al final el papel se quedó blanco, mudo e inerte, como si todavía estuviera por escribir y por pintar. El océano recuperó todas sus dimensiones, y dejó en aquel lado a muchos de tus seres queridos y en éste a tu mente atormentada por la soledad y las ausencias. Ya no quedaba ni la posibilidad de escribir una carta, ni siquiera un mensaje en una botella, con la esperanza de que algún día llegara al puerto del Mar del Plata y lo recogiera Mariano, Saturio, Alejandro, Frutos,Marcelina… Ya era imposible porque se te había olvidado qué era y para qué servía el papel y estabas muy lejos de saber que existían las botellas. Unas botellas incapaces de recoger todas tus lágrimas, esas que se me escapan entre los dedos cuando quiero estrujar de amor tu fotografía. Los labios me siguen doliendo y los ojos se me quedaron secos días después de discutir para siempre con tus olvidos y soledades. Hoy es 14 de marzo y aunque lo parezca, para muchos no es una simple fecha en el calendario.

lunes, 7 de marzo de 2016

El bálsamo de los soportales

El insomnio de cualquier madrugada te sorprende mirando al otro lado de la cama en esos amaneceres de agosto en Blacos que llegan como un torbellino para inundar de luz la más recóndita oscuridad. Fijas la vista en la colcha y esos rebeldes rayos que se cuelan por las hojas mal ajustadas del balcón parece que alumbran su perfil sobresaliendo entre los pliegues de la sábana y las arrugas de la almohada. Crees adivinar una respiración entrecortada, y una lágrima furtiva resbala por tu mejilla y humedece el luto reciente por su ausencia. Te giras en busca del olvido y en el camino pierdes cualquier interés y descartas la más mínima curiosidad por el nuevo día que empieza. La habitación también llora su soledad y los rayos de sol señalan como lanzas todos aquellos objetos que te duelen en el alma desde que los vives en soledad. Es el primer verano en Blacos en el que la compañía ya se ha convertido en recuerdo. Al final haces el esfuerzo, aunque el camino desde la cama hasta la cocina o el aseo es otra vez un calvario de recuerdos que te llevan en sus brazos hasta la figura de ese perfil que se ha dibujado en la cama. Y que ahora te sonríe desde el otro lado del espejo. Te mira con calma, te quiere transmitir tranquilidad y sosiego, aunque tú sólo veas un recuerdo, una página blanca con una esquela ribeteada en negro como tarjeta de una despedida rápida, inesperada, traumática y doliente. El adiós es demasiado reciente como para que no haga sangrar tus heridas en cuanto se rozan con tu memoria. Es un tránsito, el del dolor a la costumbre, demasiado largo y demasiado pesado como para que en el primer verano te deje huecos vacíos en los que refugiar tus emociones. Te cuesta encontrar un aliciente, un motivo que te empuje a traspasar la puerta y llegar a los soportales y enfrentarte a otra cara de la realidad. Cualquier mirada cómplice, cualquier palabra que intenta ser de alivio, esa mano amistosa que se posa sobre tus hombros, ese beso lleno de cariño... Todo eso al principio no parece otra cosa que puñales que se clavan con precisión en esa llaga todavía abierta y a la que le cuesta cicatrizar. Pero casi sin darte cuenta, al día siguiente el trance es un poco menos angustioso. El camino parece despejado de espinas y te descubres sentada en esa vieja silla a la sombra buscando esa conversación que ha dejado de ser dolorosa, para convertirse en balsámica. Aquí se ha hablado, yo también, mucho de las gentes de Blacos y de sus costumbres. Podemos estar más o menos de acuerdo, pero creo que hay unanimidad a la hora de decir que saben estar a las duras. Ese gesto que parece distante, despreocupado y ausente, se transforma en los momentos de dolor. Su cercanía es muchas veces el antídoto que necesitamos contra las heridas del alma, que son las que más se empeñan en permanecer a nuestro lado. Se acercan cada día con más confianza, sustituyen la curiosidad de sus preguntas por la facilidad para tus respuestas y descubres que ese frío gélido que te ha acompañado desde entonces, empieza a ser una brisa cálida de la gente de tu pueblo, de tu gente. Ahora valoras como un tesoro esas palabras de complicidad, esas palmadas en el hombro que quieren transmitir apoyo y compañía, y esas miradas limpias de los que están dispuestos a mostrarse su camino, para que a través de la senda de la amistad encuentres esos días soleados que habían desaparecido en el calendario de tus últimos años. Es la vida, la muerte también. Y entre una y otra hay un tiempo para abandonar el calvario y buscar el domingo de la tranquilidad y sobre todo el de la paz con uno mismo. Esas tardes de sombra al abrigo de los soportales de la plaza ya no hacen ruido en el rincón de tu dolor. Ahora son tardes de sosiego, de calma, y a la tranquilidad de la conciencia se une en esos días el reposo del recuerdo. Esto no evita que cada mañana vuelvas a mirar con esperanza al otro lado de la cama, con la ansiedad de que todo haya sido un mal sueño, y que en cuanto fijes tu mirada en la colcha, él se moverá debajo de ella y todo volverá a ser como antes, tan bueno como antes. Con el paso del verano cambias de casa, cambias de habitación y cambias de cama. Lo que no cambia es el ritual de buscar su ausencia entre los pliegues de la sábana y las arrugas de la almohada. En esa gran ciudad también vive gente de Blacos, pero falta la magia de sus calles y de sus soportales, donde las heridas encuentran una pomada que les impide supurar. Me prometiste este verano que ibas a empezar a leer esta página, en cuanto tu hijo te enseñara a manejarte en estos terrenos virtuales. Espero que lo hayas conseguido, y estoy seguro que desde la primera línea te darás cuenta que esta carta va dirigida a ti. Me gusta cumplir mis promesas, con todos pero en especial con mis vecinos de Blacos.

jueves, 3 de marzo de 2016

La nieve

Las fotografías de Blacos nevado tienen un tinte entre majestuoso, bucólico e incluso poético. Pero a mí personalmente estas apreciaciones me gustan cuando veo esas fotografías desde el otro lado de la pantalla y no tanto, ni mucho menos, si tengo que pisar la nieve para inmortalizar el árbol del ayuntamiento recién decorado con hielo para la Navidad. Y es que nacer en Blacos un día de enero exige casi casi por recomendación médica tener escasas simpatías por el frío y el agua. De mi acuafobia ya he hablado en muchas ocasiones así que no quiero ser repetitivo. Pero de la nieve lo he hecho menos , aunque mi nievefobia es muy superior a la anterior. No soporto la nieve en vivo y en directo, Me saca de quicio cuando cae, me pone de los nervios cuando cuaja y me lleva hasta la histeria cuando empieza a deshacerse y vas a cruzar una calle y debajo de la primera capa de nieve hay un lago de agua y te cubre hasta el tobillo al primer paso que das. Por no gustarme no me gustan ni los muñecos de nieve con los que decoran calles y jardines los niños y esos no tan niños que piensan que la nieve es una alfombra de algodón, hasta que los 40 grados de fiebre y una semana en la cama les enseña que la nieve traiciona hasta a los que le dan confianza y juegan con ella. Y eso que lo que nieva ahora es, como dice una amiga mía, es un "polvo mal echaó". Otra cosa era en aquellos años de mi infancia en Blacos. Recuerdo una vez que nevó tanto que los hombres mayores tuvieron que hacer calles para poder desplazarse por el pueblo. Para ir desde mi casa hasta la escuela había que desplazarse por una especia de valle mojado rodeado de paredes de nieve que eran mucho más altas que nosotros, con lo que no podías ver nada que no fuera el camino que te llevaba en una sola dirección. No sé muy bien el motivo pero siempre que he revivido esa escena me recuerda al paseo de los judíos que eran conducidos a los campos de concentración entre un pasillo de nazis de la gestapo que medían todos casi más de dos metros de ancho por otros dos de alto. Como nosotros cuando íbamos a la escuela, los judíos sólo miraban al frente , con la cabeza agachada y con el temor a los nazis que los flanquean en su camino de turbio destino. Y no entiendo muy bien porque me recuerdan estás imágenes, porque la verdad es que ir a la escuela no era nada agradable, al menos para mí, pero tampoco puedo pensar que la escuela de aquellos años se pueda identificar con un campo de concentración. Es cierto que había una autoridad rayana con la dictadura, es cierto que cualquier gesto de rebelión se pagaba con un castigo, también es cierto que éramos un poco engañados a la hora de decirnos cuál era el destino final de nuestra estancia en esa escuela, y había falsedades s, aunque no tan grandes como las que les decían los nazis a los judíos para que pensaran que iban a una especia de concentración familiar, y no a pasarlos por las duchas asesinas. A nosotros nos decían que dios estaba en todas partes, que franco era nuestro caudillo que nos protegía día y noche de todo mal. Las chicas de la sección femenina eran una especia de ángeles que venían a enseñar a bailar y hacer calceta a las mujeres; que a los niños nos daban leche en polvo para el día de mañana ser unos falangistas aguerrido en el combate; que los retratos de franco y josé antonio eran las dos terceras partes de la santísima trinidad; que sí las chicas y mujeres no entraban con velo a la iglesia se convertían en ese mismo instante en personas desamparadas y sin silla en el cielo; que si decíamos palabrotas cometíamos uno de los peores pecados del momento; Y así hasta el más allá. Toda nuestra vida cuando salíamos de ese camino de nieve estaba sujeta a las turbulencias morales, de pensamiento y de omisión. Cualquier cosa que hiciéramos o dijéramos, fuera de lo establecido por el catecismo eran un torpedo a la línea de flotación de nuestra fe católica y por lo tanto de nuestra salvación final. Si no recuerdo mal, darle un beso a una chica era algo tan pecaminoso o más que no darle una vuelta de chorizo en jueves lardero a la maestra o no regalarle una casa al cura para que nos sermoneara los domingos. Ese camino entre las paredes de nieve era , al fin, como el catecismo y la educación escolar, te obligaba a mirar siempre al frente y a ser posible con la cabeza agachada. Si mirabas a los lados, enseguida te entraba el miedo, porque no veías nada, pero intuías que el peligro estaba por encima de esa valla blanca que te obligaba a terminar el viaje en la puerta de la escuela. Como los judíos, no teníamos posibilidad de escapatoria. Ahora igual se entiende algo mejor porque no me gusta la nieve.

jueves, 25 de febrero de 2016

El Pastor

Me lo contó uno de los pocos días en los que se ponía sentimental, algo que sucedía cuando se daba cuenta de que estaba hablando con alguien que lo escuchaba y trataba de entenderlo. Él puso la prosa entrecortada y escueta y después yo le añadí un poco de lirismo literario. Era una tarde soleada de primavera, quieta, serena y silenciosa a la altura de la Casa Vieja. El único sonido ajeno a la conversación era el que provocaban nuestros pies al chocar contra los terrones y las piedras del camino. Mis zapatillas blancas miraban con ironía a sus abarcas en las que comenzaba el traje de rutina del pastor. Sus pantalones admitían sin problemas algunos quilos más y se sujetaban a la cintura con un cinturón al que le sobraban varios agujeros y que colgaba de manera despreocupada por encima de la bragueta. Y eso que la camisa y el jersey acababan embutidos en su interior a la altura de la cintura. La chaqueta raída de pana había nacido también para cuerpos de alguna talla mayor y el peso de la alforja la retorcía por debajo del cuello y le daba un aspecto todavía más pastoril. Barba poblada y clamando por un afeitado, la colilla del celtas colgada con soltura de la comisura de los labios, y el pelo dormido debajo de una boina también torcida y escasamente calada sobre la cabeza. En el hombro izquierdo dormitaba una manta de cuadros, al más puro estilo de los bandoleros de Sierra Morena. Una manta que con el fresco de la noche escalaba hasta la cabeza para confortarle con algo de calor y convertirse en el clásico tapabocas. Mientras observaba todo esto, el pastor relataba la historia de esa vida dura y sacrificada en el campo, en una profesión que es más larga que muchas otras, porque todas las horas de los pastores ,hasta las más cortas, tienen más de 60 minutos por el día y de 200 por la noche. Me decía con un rictus de nostalgia que ahora su vida era un viaje constante a la soledad. Ya nada era como en aquellos años que los rebaños dominaban el paisaje de Blacos. Ahora no, decía el pastor, ahora puedes pasar todo el día sin ver a nadie . Y los días mal que bien se pasan, pero las noches hacen estragos. Y me contó esa noche oscura, con amenaza de tormenta. No veía nada, pero el monte estaba poblado de ruidos, algunos menos amistosos que otros. El viento convertía a las sombras en animales monstruosos dispuestos a devorar su soledad. Las ovejas calladas, parecía compartir los temores de su guardián . Los primeros rayos eran látigos con mil lenguas luminosas, embajadores del ruido ensordecedor de los truenos que le ponían el alma en un puño y todos los dedos parecían huéspedes. Tuvo el tiempo justo para refugiarse en la taina más cercana. Allí había veces que era capaz de oír los latidos de su corazón. Con la colilla de un celtas encendía el siguiente en una sucesión encadenada que a veces se ralentizaba porque le temblaban las manos y le costaba hacer puntería de un cigarrillo con el otro. Cuando llegaba a ese punto, me dijo, utilizaba un arma infalible. Se ponía a gritar histérico a la tormenta, desafiaba con sus voces a los animales que se escondías en las sombras, y les prometía las torturas más crueles si eran capaces de acercarse hasta la taina. Y digo que era infalible porque nadie se atrevió a aceptar su reto ni a ir a visitarle. Hasta la tormenta, cansada del ruido sin lluvia, se iba asustada por los gritos del pastor. Fue una noche cualquiera, una más ni mejor ni peor , que las muchas noches que pasó en el monte, entre ruidos sospechosos, silencios abrumadores y amaneceres radiantes que limpiaban el ambiente de cualquier mal presagio nocturno. Parecía una vida entera, pero era un pastor y las horas en el campo siempre son muy largas, muchos más de 60 minutos.

miércoles, 13 de enero de 2016

Es una pena

Hace tiempo que se está cerrando un libro en el que yo pensaba que quedaban muchas páginas por escribir.Y es una pena.Desconozco los motivos y tampoco soy quien para pedir explicaciones.Pero es una pena.Hay que pensar que no es fácil mantener el libro abierto cuando cada vez que lo haces ya sólo encuentras páginas en blanco por la desaparición de sus escritores.Es una pena.Un libro a medio escribir es una vida a medio vivir, una aventura a la que se le ha robado el final, una travesía que acaba en naufragio, una excursión que ha perdido su destino, un camino que desaparece en la nada, un día que se ha quedado sin noche.En definitiva, no deja de ser una pena.Seguro que hay explicaciones, decepciones, contrariedades... pero es una pena que por encima de todo eso no haya una firme voluntad de seguir buscando puntos de encuentro, mantener abierto un foro donde compartir vivencias, relatar recuerdos, o incluso reclamar más actividad.Cuando un escritor se enfrenta a las páginas en blanco, muchas veces vence la zozobra pensando en todos aquellos que están dispuesto a leerlo.Es más, una de las grandes dudas que asaltan siempre al escritor es saber como va a responder la crítica a su obra.En este libro no sucede ni eso.Se escribe con la seguridad de que va a tener una excelente acogida y que lo único que van a valorar los lectores es el esfuerzo por mantener abierta una línea de comunicación con ellos.Y eso es una enorme ventaja y al mismo tiempo una absoluta seguridad de que escribas lo que escribas si lo haces con respeto y sin provocar polémicas innecesarias, te vas a encontrar con el halago unánime de tus lectores.Reconozco que eso es jugar con ventaja, pero a veces ese sentimiento es mucho más agradable que esperar con incertidumbre el veredicto de esos lectores.Yo soy de la opinión de que hay que mantener la llama encendida, aunque siempre sea la misma mano la que acerca la cerilla a la vela para que se extienda la luz.Quedan muchas cosas por contar, muchas historias que escribir y multitud de anécdotas que se pueden compartir. Torreblacos, como muchos otros pueblos de alrededor, es un pequeño núcleo cada vez más encerrado en sí mismo.Escribiendo en este blog se pueden abrir sus puertas y ventanas y permitir que entre aire nuevo, de gente que no siempre esta ahí o va por el pueblo.Ayudar a cerrar esas puertas y ventanas es preferir la sombra a las luces.Y eso, yo creo, es una pena. Feliz Año

jueves, 22 de octubre de 2015

Día Mundial del Alzheimer ( el robo de la memoria)

Aquel día guisó las lentejas tres veces la misma mañana, y no lo hizo más veces porque de repente se le olvidó como se encendía el fuego. Era el primer eslabón de una cadena de olvidos, porque el primer objetivo del alzheimer es aniquilar la memoria y el siguiente arrasar las defensas de familiares y cuidadores del enfermo. Después de quemar y volver a quemar las lentejas y de hacer cábalas sobre lo que le podía pasar, el neurólogo lo solucionó con una simple pregunta. ¿Sabe qué día de la semana es hoy?, Dijo que era jueves… pero era lunes. Y el diagnóstico fue tan inapelable como el dolor que recorrió todo el cuerpo de su hijo, que se quedó clavado en la silla como si lo hubiera fulminado el rayo de la amargura. Sabía muchas cosas de la enfermedad y por tanto en ese mismo segundo era consciente del tortuoso camino que se abría al otro lado de la puerta de la consulta del hospital. A veces es mejor la ignorancia, porque el desconocimiento en muchos casos evita los malos presagios. A partir de ahí sus vidas dejaron ser una montaña rusa para convertirse en un tobogán hacia el abismo. Toda las enfermedades son crueles, pero el alzheimer está en cabeza de la clasificación. Los síntomas comienzan a ser visibles antes de que se abra el pozo del olvido. La mirada comienza a perder intensidad y viveza. Te asomas al fondo de sus ojos y no ves nada, no responden a ningún estímulo, no muestran ningún sentimiento. Son los primeros en iniciar el viaje hacia la indiferencia. Después la cara, esa cara activa, expresiva, agradable, se va convirtiendo poco a poco en una máscara casi inerte, en la que las únicas señales de vida son una boca semiabierta , en un abandono de interés, y un pestañeo lento, irregular y como aburrido de su rutina. Donde antes había vitalidad, decisión, sorpresa, alegrías tristeza, ... ya no queda ni siquiera dolor. Es como si de repente haces un viaje a la Antártida, saludas a una esquimal y esperas que haga algún gesto de reconocimiento. El abismo comienza a abrirse por los ojos y por la cara y el pozo negro del dolor de los hijos o de cualquier otro familiar, comienza a ser negro y punzante desde sus primeros huecos. En el enfermo se deteriora su físico al mismo ritmo que provoca agujeros en el corazón de los que están a su lado. Ya no hay rutinas, no hay actos reflejos ni hay costumbres. Cada día es una nueva incógnita porque el enfermo de Alzheimer se transforma al mismo ritmo que lo azota la enfermedad. Un día se le olvida vestirse, otro día se le olvida tragar, otras veces parece que se ha recuperado y te dejas engañar con una brisa de esperanza... Es un azote continuo a la resistencia física y a la fortaleza moral de los que están a su lado. Llega un momento que esa ayuda no es suficiente, por falta de tiempo, por falta de conocimientos y sobre todo por falta de medios adecuados para que su último paso sea lo más seguro posible. Entonces al dolor de la enfermedad, se une el drama de la separación. Crees que la distancia va a acelerar el olvido y va a progresar en su abandono. Y ni un sólo día acabas satisfecho de lo que has hecho el día anterior. Hasta que te sientes en la oscuridad del sillón y te das cuenta que haces todo lo que está en tu mano y más, te reconoces a ti mismo que estás donde hay que estar y que el enfermo está donde mejor puede estar. Y si al encender la luz y levantarte del sofá no has llegado a esa conclusión, es mejor que tú también vayas al médico, y que llames a otra puerta ,distinta de la del neurólogo. Con ello vas a conseguir cierta tranquilidad y mucha seguridad en tu comportamiento. Pero esto no va a impedir que cada día que abandones la planta en la que vive un nuevo puñal se clave en tus entrañas. Al principio sólo duelen pero después empiezan a sangrar. Y cuando sus lagunas en la memoria se convierten en océanos de olvido, resulta ya muy difícil detener la hemorragia. Todo comenzó un día en el que coció las lentejas tres veces, y todo se acabó cuando dejó de reconocer como su nieta a aquella niña rubia que se columpiaba en el parque de la Residencia. Entre una imagen y otra parecía que habían pasado siglos, pero en realidad habían transcurrido poco más de dos años. Después, cuando le pones perspectiva, te das cuenta que es una enfermedad que pone a prueba a familias completas, que lleva al límite muchas relaciones y que algunas veces hace saltar todas las costuras. Por suerte ahora ya no hay que decirlo desde la experiencia individual, sino que hay hasta guías de comportamiento. Ya es más difícil caer en el error de que simplemente lo malo del alzheimer es el enfermo que los sufre. Ahora hay un conocimiento generalizado de que la familia también sufre la enfermedad. Con otros síntomas y con otras consecuencias, pero no menos graves, y si se gestionan mal con resultados muchos más desastrosos que la pura enfermedad. El enfermo acaba perdiendo la consciencia de su mal, y sin embargo el familiar cada día aumenta su angustia y ansiedad por la situación que está viviendo. Al cansancio físico se une un terrible desgaste mental. Es insoportable ver sufrir a un ser querido, aunque sea un sólo día. Pero sí sufre alzhemir el sufrimiento es mayor cada día. Por eso en estas fechas que se celebra el Día Mundial del Alzheimer quiero destacar el papel de esos cuidadores y familiares que se someten a un examen diario con la seguridad de que nunca van a sacar matrícula de honor. Su esfuerzo, su preocupación, su dolor y sus desvelos son de un mérito incalculable. Antes sólo lo valoraban los que habían pasado por ese trance. Ahora hay un reconocimiento generalizado de ese trabajo e incluso se han dado los primeros pasos para que haya un reconocimiento legal y se contemplen las ayudas necesarias para esas personas que tienen que suspender su vida y su trabajo para dedicarse a cuidar a un familiar. Ojalá sea verdad y yo me alegraría sinceramente de que fuera así, aunque a algunos nos llegue muy tarde. Por eso, a los que estáis pasando por esa situación, os diría que cuando al enfermo le empiecen a robar su memoria, tratéis de que tarde mucho más en perder sus sentimientos. Y que sentirse en algún momento culpable no sirve de nada, es perder el tiempo, y a ellos no les sobra. Y como lo que importan son los sentimientos, hay un poema que puede poner un poco calor en esa enfermedad descarnada. NO ME PIDAS QUE ME ACUERDE NO TRATES DE HACERME COMPRENDER DÉJAME DESCANSAR HAZME SABER QUE ESTÁS CONMIGO ABRAZA MI CUELLO Y TOMA MI MANO ESTOY TRISTE, ENFERMO Y PERDIDO TODO LO QUE SÉ ES QUE TE NECESITO NO PIERDAS LA PACIENCIA CONMIGO NO JURES, NO GRITES, NO LLORES NO PUEDO HACER NADA CON LO QUE ME OCURRE AÚN ASÍ TRATO DE SER DIFERENTE NO LO LOGRO RECUERDA QUE TE NECESITO QUE LO MEJOR DE MÍ YA PARTIÓ NO ME ABANDONES, QUÉDATE A MI LADO ÁMAME HASTA EL FINAL DE MI VIDA

jueves, 10 de septiembre de 2015

Me cuesta mucho

Me cuesta mucho volver a este blog, y me cuesta porque ya hay veces que tengo la sensación de ser un intruso y que me adentro en un terreno abandonado.Es una propiedad privada en la que se ha cesado cualquier actividad.La única duda que me hace volver es la de que esa inactividad no sea algo premeditado, sino porque haya venido obligado por los acontecimientos o por cualquier motivo que no conozco, y por tanto no me permito juzgar. Pero con independencia de esas elucubraciones, a la que soy tan aficionado, he de reconocer que me produce cierta alegría volver por estos foros y pensar que lo puedo leer alguna de esas personas que he conocido más de cerca en estos últimos meses y que han llegado a ruborizarme con sus comentarios , pero que también me han dado mucho que pensar. Y es que somos de dos pueblos separados por dos kilómetros, pero casi siempre hemos vivido a distancias siderales. Qué poco nos conocemos y qué poco nos esforzamos por acortar distancias y estrechar relaciones. Y para que nadie piense en que es una crítica, me refiero sobre todo a mí , que nunca he ido más allá de un saludo o , como mucho, de una sonrisa hacia aquellas personas con las que podemos tener en común muchas más cosas de las que pueden parecer. Y es cuando nos envolvemos en la nostalgia o cuando definimos a personas que no necesitan de la mano de este pobre escritor para que se reconozcan unos méritos que a veces están ya grabados en el cielo con letras doradas. Cuando nos paramos a pensar y a decir algo de alguien es entonces cuando descubrimos que esos dos kilómetros de distancia los podemos recortar hasta vivir pared con pared. Entonces la soledad parece más acompañada y se desvanece ese sentimiento de intrusismo al pisar estos terrenos tan privados. Es la vida, la otra cara de la vida, que es la más importante pero la menos conocida.

jueves, 23 de abril de 2015

LA ROSA DE LA AMISTAD Bonito texto el de la rosa del molino ( se puede ver en la página de Blacos), y además breve como gusta a nuestros lectores. Lástima que otros no seamos capaces de condensar en la brevedad tanto buen sentimiento. Pero al hilo de esa rosa romántica, a mí se me vienen a la cabeza otras frases sobre la rosa que no son mías. Dice: “Quise cortar la flor más tierna del rosal, pensando que de amor no me iba a pinchar, y mientras me pinchaba me enseñó una cosa, que una rosa es una rosa. Y cuando abrí la mano y la dejé caer rompieron a sangrar las llagas de mi piel, y con sus pétalos me la curó mimosa” (Mecano). Más allá de una letra de canción bien construida se puede entender toda una filosofía sobre la amistad. ¿ Y por qué digo esto?. Por algo muy simple. Esta página a veces despierta indignaciones o preocupaciones más allá de las habituales. Pero también provoca reacciones de amistad que podían estar escondidas. El otro día una amiga de Blacos me dijo que estaba orgullosa de que la considerada eso, una amiga. Y esto, que en un principio me halagó, después me hizo pensar y preguntarme, ¿ A ver si a veces no soy capaz de transmitir mi amistad a personas que siempre he considerado amigas ? Parece fácil, pero si lo piensas en serio no lo es tanto, porque a veces vivimos mezclados entre sobreentendidos, y damos por hecho cosas muy claras pero que puede que no estén tan claras. Y entonces descubres que la amistad se puede vestir de muchas formas y con muchos colores. La amistad puede entenderse como un paseo por una playa desierta. Vas caminando y si vuelves la vista atrás, sobre la arena quedan marcadas las huellas, dibujan un camino por el que puedes regresar sin miedo a perderte. Pero ese movimiento que parece una mera rutina, exige ciertas precauciones. Si decides andar muy cerca de las olas es probable que al volver la vista atrás esas huellas hayan sido arrastradas por el agua. Y de repente te encuentres aturdido por la soledad y al mirar al frente descubras también que esas huellas se las han llevado las olas y ahora naufragan muy lejos de la costa. Hay que cuidar el camino y también vigilar los peligros que rodean a ese camino. Si el mar está picado, hay que andar más lejos de la playa, si el mar está en calma te puedes acercar al principio de las olas. Y a veces, hay que saber que no se puede caminar por la playa, porque hay resaca,y te puede arrastrar. Las huellas frescas son ese amigo que está siempre a tu lado, sólo tienes que mirar atrás y ver como sigue tu estela, compañero y vigilante por si lo necesitas. Pero si no lo necesitas también está ahí detrás, mudo y expectante, sin molestar, sin dejarse notar, ajeno a tu caminar decidido. A veces te susurra al oído que cambies de camino, que el mar amenaza tu paseo, que las olas llegan amenazadoras, que en alta mar se pierde la orientación y que no hay barcas para socorrerte. Y al final del paseo, entre las piedras del puerto puedes encontrar un rosal amigo como el del molino. Al coger una rosa, sedosa al tacto, frágil de aspecto y dura en su tallo, es muy probable que te pinches y brote la sangre entre tus dedos. Pero nadie ha dicho que la amistad sea fácil conseguirla.., y mucho menos mantenerla.

miércoles, 8 de abril de 2015

Homenaje

En fin, no pensaba volver por estos foros porque, ahora más que nunca, este blog parece un desierto esquilmado y totalmente diezmado por el cambio climático que parece asolar a los pocos escritores de Torreblacos. Y he vuelto a escribir porque hay cosas que merecen la pena ser contadas, que deben ser contadas para que no se pierdan en el olvido, que es el peor de los suplicios a los que se puede someter a un recuerdo.El pasado lunes estuve de nuevo en Torreblacos, y fue para asistir a un funeral. Así a primera vista puede parecer un motivo poco gratificante, pero en este caso fue especialmente emotivo. Cuando alguien se va siempre es una tragedia, pero cuando alguien decide despedirse después de soportarnos más de un siglo de vida entran en juego otra serie de valores y hay que echar mano de otros argumentos más juiciosos que el simple deseo eclesial de dejar la tierra de sufrimiento para ascender a los cielos de la eterna felicidad.Hay algo más, muchas cosas más.Durante esos más de 100 años de vida, la señora Iluminada ha dejado muchas luces encendidas y ahora a su familia, amigos y conocidos les toca el difícil trabajo de luchar para que no se apaguen.Y seguro que ha dejado, ha tenido mucho tiempo para ello, baúles llenos de recuerdos que hay que cuidar para que no se pierdan, porque en cada uno de ellos estará esa mano que un día sostuvo a sus hijos y que después acariciaba a sus nietos.Argumentos más que suficientes para adornarlos con el cariño, el amor y la memoria, que son de las pocas cosas que podemos ofrecer a los que han dicho hasta luego. En cada uno de esos detalles, cada vez que se ejerza la memoria, se le estará haciendo un homenaje a la señora Iluminada. Hay una frase que yo repito muchas veces, que dice que los que mueren nunca se van si permanecen en el recuerdo de los que se quedan. Y el lunes me encontré con esas personas que se van a encargar de recordarla, se notaba en su cara, en sus movimientos dolientes , y en ese rictus de ansiedad que nos invade a todos cuando tenemos que despedirnos, Fue un día de luz, de sol resplandeciente, de cielo azul y limpio para que se vieran todas las señales que conducen hacia el cielo.Pero eso hubiera dado lo mismo.Podía haber sido un día gris, sembrado de aguaceros y con el cielo negro cerrado.Ella hubiera llegado igual. Es la ventaja de ser Iluminada,.

miércoles, 7 de enero de 2015

No paraba de llover. Y ahí estaba él mirando una página en blanco a escasos milímetros del ordenador. Un distancia mínima que de repente se convertía en interplanetaria, casi infinita. El folio en blanco era una denuncia, un testimonio, un informe preciso de que la imaginación había huido sin dejar ni siquiera una nota de despedida. Hace unos días una página en blanco no era nada más que tres minutos de hilvanar frases hasta dejarla llena de pensamientos. Ahora ya no, ahora se había convertido en una cuesta vertiginosa a la que no podía hacer frente ni su pluma ni sus fuerzas. Y al otro lado del cristal arreciaba la lluvia. La página ni se inmutaba, bueno sí, ahora había tomado la imagen de un muro sólido, de hormigón armado y con púas en su cresta, un enemigo dispuesto a dar la batalla sin respiro, sin concesiones, como el campo enemigo, ese territorio hostil minado en cada uno de sus milímetros en blanco. Marcaba sus distancias y cada vez era más inaccesible. Los pies se volvían cada vez más torpes y se negaban a introducirse en ese laberinto desalmado. La cabeza seguía en ebullición pero no encontraba ni una sola letra dispuesta a colaborar en la creación de alguna frase que permitiera abrir un leve resquicio en la muralla. No veía nada de lo que había al otro lado, y en éste chocaba una y otra vez con una de las cosas más deprimentes con las que se puede enfrentar un aprendiz de escritor, una página en blanco. Una página que hacía ya varias horas que había roto su silencio y gritaba a todo pulmón en contra de ese que no era capaz ni de arañarle un par de líneas que le permitieran evitar la rendición. Ya no se veía apenas nada al otro lado del cristal, porque una cortina de agua había cegado la visión desde este lado de la ventana. Adentro sólo había silencio, a veces roto por algún suspiro de desesperación. Afuera se había desatado un aguacero impenetrable y dominador. Seguro que el agua caía a los dos lados del muro, pero era imposible saberlo. El hormigón de la muralla no solo frenaba la imaginación, sino que congelaba cualquier sentimiento positivo. A veces la amargura sustituye a la intuición y a partir de la tristeza brotan frases desgarradas. Pero lo peor es la quietud, el silencio, el vacío que una y otra vez se convertía en cómplice de esa página por escribir. La nada es más amarga que la propia amargura. En ese momento el aprendiz de escritor empieza a naufragar entre el desaliento y la ansiedad. Y cuando coinciden los dos todo se vuelve borroso, gris tirando a negro, y acaba desembocado en la inutilidad más absoluta. Ese choque deja maltrecho el cuerpo y el alma porque siempre, o casi, siempre, es el mundo exterior el que se encarga de cegar todos los canales interiores. La parte alta del cristal, todavía sin empañar, deja ver los primeros copos que caen sobre la calle mojada y desierta, tan huérfana de gente como la orfandad de letras en la página vacía. Ni siquiera la nieve es tranquila, porque la acompaña un viento huracanado que remueve cualquier vestigio de quietud en el interior. El frió de fuera comienza a congelar sus huesos, y lo que es peor empieza a dejar gotas de hielo en los más profundo de su corazón. La página en blanco comienza ya a ser una obsesión, la única obsesión que ocupa ya cualquier rincón de su pensamiento. Hace tiempo que ha pedido al armisticio. El aprendiz de escritor entrega las armas sin ni siquiera haberlas utilizado. Es una rendición sin condiciones, ni contrapartidas. Es una entrega absoluta a la nimiedad, al absolutismo de la negación. Se acabó. Lo mejor es desaparecer, o esconderse y esperar a que pase el temporal. Lo mejor es sacar la bandera blanca y como se dice en Blacos," esperar a que escampe". Adiós.

martes, 30 de diciembre de 2014

FELIZ AÑO A TODOS

Los números de los últimos días del año se resbalan sin remedio del calendario. Se caen más rápido que el resto porque apenas tienen donde agarrase y porque están llenos a rebosar. Son pocas fechas para acoger tantos sentimientos y tal cantidad de acontecimientos. Están llenos de nostalgia, de buenos deseos, de ausencias, de presencias abrumadoras, de decepción, de dolor, de amor, de ilusión. Parece que nos reservamos para esa última semana de cada año. En pocos días queremos decir todo lo que no hemos dicho hasta entonces. En una semana queremos hacer todo lo que nos ha quedado pendiente en las otras cincuenta. En cuatro días festivos queremos celebrar todas las celebraciones que teníamos previstas y no habíamos podido realizar. Son días de frenesí. Te encuentras al calor del bar con esos amigos a los que no has visto en todo el año, y entre caña y caña quieres recuperar todo el tiempo perdido, hasta que te das cuenta que no hay tiempo para frenar el paso del tiempo. Te observas mirando los escaparates buscando esos regalos que siempre has prometido. Y de repente descubres cómo han aumentado los regalos. Antes era Los Reyes Magos y se acabó. Ahora ya no, no. Ahora empiezas por el amigo invisible (¿?), continúas con Olentzero o Papa Noel, o Santa Claus y cuando llegan los Reyes te das cuenta que todavía te queda imaginación, pero que lo que no te queda es dinero. Y es que parece que los regalos son la antesala de la amistad, una garantía de continuidad, una forma de mantener las buenas formas, o lo que es peor una forma peor que otra cualquiera de pagar favores o preservar simpatías. Y todo, eso sí, en un ambiente muy navideño y muy familiar, y ojala que siga así, lo de familiar digo. Es una buena idea lo de que estos días que se come tanto y se bebe más, las celebraciones se hagan en casa, porque así se quedan entre esas cuatro paredes la mirada furibunda que lanzas a tu cuñado cada vez que presume de lo bien que la va la vida cuando te dice que se acaba de comprar un apartamento con derecho a terraza en la playa de Alcobendas. Te alegras de que no se te pueda oír lo que piensas cuando tus suegros te dan lecciones de cómo se debe educar a los hijos y te dicen que antes sí que había respeto y que lo que hay ahora no es más que una fauna de vagos y maleantes agarrados al botellón. Después viene la retahíla de que les damos todos los caprichos, que somos unos blandos, y que así nos van a salir. Yo a veces para salir de estos atolladeros me pongo a hablar de la mili. Ahí de una tacada eliminas a todas las mujeres y a los menores de 40 años y a los que se libraron, con lo que las posibilidades de enfrentamiento pueden ser menores. Ni por esas. Siempre hay alguien que ha hecho menos guardias que tú, que ha ligado más que tú y que no fallaba ni un tiro aunque se le olvidara cargar el cetme. Entonces y ya con un par de copas, te das por vencido y te lanzas a tumba abierta, sin importarte las consecuencias. Y vas y te pones a hablar de política. Se arma la marimorena y entre los gritos, los insultos y las descalificaciones, te das cuenta que todo son de PODEMOS desde hace treinta años, exactamente los mismos que llevan diciendo que esto ya lo veían venir, que este país se va a la mierda, y que tú ya sabías que eran todos un atajo de chorizos que se quedaban con todo lo que pillaban por el camino. Descubres que nunca nadie ha votado a los que mandan, todos son de la oposición y te acabas creyendo que tú que no te has acercado a una urna en tu vida eres el culpable de los millones de votos que ha obtenido el partido de los chorizos y mangantes. Y ya como estás en clara caída libre, vas y empiezas a hablar de religión. Ahí se desata la tercera o cuarta guerra mundial, o las dos a la vez. Los curas pasan de ser la reserva espiritual de occidente a un atajo de pederastas, e incluso puede ser el mismo o la misma el que diga las dos cosas a la vez sin el más mínimo sentido del ridículo. Los que van a misa todos los domingos dicen que han sido siempre ateos y que sus hijos hicieron la primera comunión por el traje y los regalos, y que ellos jamás han creído en esa sarta de sandeces que se dicen en el interior de la iglesia. No te quedas pasmado porque entre las copas y la calefacción empiezas a notar las primeras gotas de sudor resbalando por el interior de la camisa. Y como ya no tienes nada que perder, vas y sueltas a viva voz y a pecho descubierto que Messi es el mejor jugador del mundo. Se hace un silencio espeso. Dura poco, exactamente los mismos segundos que tardan algunos en ponerse la cara como un tomate y en hincharse las venas del cuello ( yo no sabía que había tantas). Oye, y automáticamente te contestan dos cosas que para ellos van unidas. Una, que puede ser verdad, es que Ronaldo está a años luz del pitufo argentino, y la otra, que te deja boquiabierto, es que te dicen que se nota que eres un independentista de los coj... y que si no te gusta España que qué haces aquí y bla,bla, bla, bla... Entonces yo reconozco que me crezco y es cuando les suelto, que Messi y Ronaldo me la trae al pairo y que el único equipo serio que conozco es el Numancia, que no tiene deudas y que en lugar de gastar el dinero en tonterías hace obras sociales y solidarias. Aquí reconozco que los dejo sin defensa durante unos minutos. Me imagino el interior de sus cabezas como una centrifugadora buscando argumentos que me hagan besar la lona. Y de repente el gracioso de la cena, envalentonado por las copas, me dice que eso es imposible, que los sorianos somos unos agarrados y que le extraña mucho que hagamos obras de beneficencia. Y aquí reconozco que ya tengo la respuesta preparada porque la he usado muchas veces. Le miro fijamente y le contesto. Tienes razón los sorianos somos unos tacaños, no me cuentes el chiste del inventor del hilo de cobre que ya me lo sé. Continúo. Los sorianos somos tan agarrados como sensibles, y entre gastarnos el dinero en una cena de mierda con estos retales de familia o dar ese dinero a los pobres que no tienen para comer, siempre decidimos dárselo a los más necesitados. Pero los sorianos, que lo tengas claro, damos el dinero una vez y para una sola cosa, así que me imagino que tú que eres un tío espléndido y capaz de dar tu dinero para dos o más cosas, serás capaz de hacer obras benéfica y pagar este cena, que para eso estamos en tu casa y gastamos tu luz y tu agua. Así que ya sabes, apoquinas y al año que viene vuelvo para que tengas alguien con quien desahogarte. Como se suele decir, mano de santo. Inmediatamente cambiamos de conversación y evitamos tocarnos las narices porque estos combates nunca resisten dos asaltos. Es más, después de todo esto podemos comernos las doce uvas y desearnos lo mejor para el nuevo año. Eso sí, sin darnos la espalda y con una sonrisa recién sacada del congelador. Así que no me extraña que estos días con tanto peso familiar, vuelen por las últimas filas del calendario con ganas de esconderse y no volver a salir por lo menos hasta el año que viene. A pesar de todo, por si acaso, Feliz Año.

martes, 23 de diciembre de 2014

feliz navidad

A veces los deseos quieren ser tan buenos que no encuentran palabras para expresarse.Son fechas en las que nos cargamos de buenos propósitos y nos cubrimos de un halo de bondad que nos obliga a llenar de las mejores intenciones el mundo que nos rodea.Son fechas propicias para el olvido de lo humano y para encumbrarno en objetivos divinos.La Navidad se convierte en un examecolectivo de conciencia , y todos queremos cerrar el balance del año con el haber lleno de números positivos y el debe con un raquítico cero despreciable.En dos semanas queremos superar todos los obstáculos que nos han ido poniendo los otros 350 días y nos damos un baño de amnesia para acercarnos a lo sublime y dejar lo terrenal tirado a los pies del olvido.La Navidad alumbra una nueva vida en la que no tiene cabida la mezquindad, la envidia , el embuste o la patraña.Nacemos al nuevo año inmaculados, limpios de polvo y paja, y con un aura de buenas personas que se nos antoja imposible de perderla en el año siguiente.Pero todos sabemos que antes o después se resiente, se rompe, se resquebraja o directamente se destruye.Y es que si no fuera así la Navidad no tendría razón de ser.Sólo el sentirnos culpables nos hace sensibles en estos días, sólo el haber sido injustos nos hace enmendarnos, sólo el haber sido distantes nos invita a la cercanía, únicamente el haber perdido el amor, la familia, la amistad,.... nos hace llegar a estas fechas buscando siempre un reeencuentro, un recuerdo , un abrazo, un beso o simplemente una mirada de complicidad.Es lo que tiene la Navidad.Tiene propósito de enmienda y por eso todos la llenamos de buenos deseos para los demás.Pues eso os hago llegar mis buenos deseos y ojalá se cumplan todos los vuestros.FELIZ NAVIDAD.

jueves, 16 de octubre de 2014

A un molinero de Blacos Me gustaba especialmente su camino alfombrado y verde, siempre protegido y abrigado por un techo de ramaje y flores que proporcionaba sombra fresca en verano, y abrigaba del viento y de la lluvia en invierno. Completaba el cuadro una alfombra de huertos fértiles y abundantes y los sonidos de un río frío y productivo. Era un sendero corto pero intenso hasta llegar a las puertas del molino. En su interior se descubría un mundo febril, un angosto centro de producción de energía y de harina mediante un proceso simple pero básico para la economía de aquellos años. En alguna ocasión he descrito su interior y a alguno de sus personajes que permanecen clavados en mis recuerdos. Pero a veces la realidad vive de los sueños. Y me imagino a sus moradores en esas noches desangeladas, tapados hasta la cabeza en la cama, asustados por el ruido de la tormenta y por el tumulto del agua apretándose para pasar por debajo del molino, con el riesgo de reventar la pared ante la impaciencia del caz por desahogarse. Por fuerza tenían que ser noches distintas, como lo serían esos insomnios de agosto en los que la cama podía parecer un sofá en medio de un paraíso de ruidos y sonidos de todos los animales que en aquellos años superpoblaban cualquier árbol o matorral que encontraban. A veces también me da por pensar en esas mañana de agosto cuando al abrir las ventanas descubrían un mundo nuevo, parecía igual que ayer pero era distinto. Las ventanas del molino podía ser una especie de pantalla de cine en la que cada día veías la misma película pero con distinto guión. O esas mañanas de invierno, con el frío pegado a los huesos, en las que al asomarte a las ventanas descubrías una manta blanca que llenaba de escarcha las ramas y dejaba descolgar algunos chorretes de hielo desde las tejas de un poco más arriba. Las ventanas del molino las idealizo como una terraza abierta al mundo en la que veías la vida pasar y a la gente llegar mientras comenzabas a desperezarte para aceptar el reto de otro día de mucho trabajo. A veces en esas mañanas de nieve también se podía descubrir desde esa ventana que los límites de la vida se habían encogido. La intensa niebla había borrado los perfiles del pueblo y el molino parecía estar más sólo y más aislado que nunca. Una soledad que acababa imprimiendo carácter y perfilaba una forma de ser y una forma de vivir diferente a la del resto de vecinos que vivían un poco más allá. Tengo la sensación de que desde el molino se contemplaba un paisaje siempre distinto del que disfrutaban desde más allá del puente o desde encima de la cuesta del Palomar. Ser molinero, o hijo de molineros, imprimía un sello especial que se notaba en sus gestos, pero sobre todo se nota en sus recuerdos. Parece que el Molino es un referente continuo para los que vivieron entre sus paredes. Y un ejemplo puede ser el del flaqueño que escribe un poco más abajo. Le costaba, por ejemplo, mucho más llegar a la iglesia que a los demás. Y por el camino tenía tiempo de agudizar la vista y el oído y entrenar el olfato, para que muchos años después recuerdes perfectamente el olor de los días de fiesta, los acordes de las bandas locales o las imágenes de esas fiestas autóctonas de aquellos tiempos de uniformidad. Y es que, pienso, hacer el camino del molino tantas veces, unas al frescor del verano, y otras al abrigo del invierno, son experiencias que se graban en el ADN.Y acabas descubriendo que puedes haber nacido en un sitio y acabar viviendo en otro muy distinto. Pero hacer ese camino te acaba dando el dni de Blacos porque el Molino entre sus muchas funciones, a veces tenía una fundamental, se convertía en la pila bautismal de los que pasaban por allí.

miércoles, 10 de septiembre de 2014

Merece la pena

Merece la pena de verdad.Ya sé que yo también he estado a punto de rendirme, pero tampocom exige tanto esfuerzo seguir escribiendo aquí.Te pones delante del teclado y enseguida se te ocurre algo.Por ejemplo recordar ese vídeo de las fiestas de Torreblacos en la que tres amigos cantan una canción de Fito Páez.Inmediatamente empiezas a preguntarte si serán del pueblo, si serán de otro pueblo, si cantan bien o lo hacen regular.El vídeo te despierta una sonrisa, lo comentas con amigos y conocidos.Y estos a su vez lo comentan con otros y al final se despierta la curiosidad de unos cuantos y alguno puede acabar buscando información en este blog con lo que se pone de nuevo en marcha la cadena de seguidores, mucho más fácil que engrasar la maquinaria de los escribidores que son pocos o ninguno como se puede observar en todo este tiempo.El esfuerzo de poner en marcha este blog sólo tiene sentido si se hace un esfuerzo por mantenerlo en funcionamiento.Incluso con esas cosas que a muchos le pueden parecer triviales cuando las escribe, pero que cobran distinto sentido y diferente interpretación para cada uno que se acerque a leerla.Da igual que lo hagan de forma anónima o publica.De lo que se trata es de mantner vivo y fértil este pequeño cordón umbilical que nos une en torno a unos recuerdos, vivencias o incluso mentiras piadosas sobre ese pequeño rincón del mundo que se llama Torreblacos.Merece la pena, de verdad.

martes, 18 de marzo de 2014

Baraka, el julio Iglesias del Regato

Vivo en una absoluta indecisión. Y por eso necesito vuestra opinión para saber qué decisión tomar. De momento sí os pediría que dejéis de halagar a mi primo el Baraka, porque después de los últimos piropos el tío se ha venido arriba y me tiene desquiciado totalmente. Ayer después de mucho pensarlo decidí llamarle para saber si va a ir en Semana Santa a Blacos. Vaya error el mío. Empezó diciéndome que antes de responderme tenía que consultar su agenda para esos días. Es fácil entender que yo empecé a acordarme de toda su familia, incluida la compartida. Después de tenerme cinco minutos a la espera y que los dedicaría, seguro, a tocarse los h..., volvió a coger el teléfono y me contesto que "esos días los tenía libres". Vale, lo que yo pensaba, se quería dar coba como las celebritys de Barakaldo o como Carmen Lomana y Belén Esteban, que viene a ser lo mismo. Y automáticamente, me leyó la lista de lo que necesita para honrarnos con su presencia. Me da vergüenza pero os lo tengo que contar para acabar con el mito de primo bueno y amigo simpático. Es lo que sigue: -Disponer de tres habitaciones. Una para descanso, otra para maquillaje y otra para la reina de su casa. -Las tres habitaciones deben estar con telas de terciopelo blanco desde el piso hasta el techo, mientras que el suelo debe estar tapizado con alfombras negras. -En el salón quiere sofás nuevos, también de color blanco, con cajas de pañuelos en sus cojines, cajas que deben ser cuadradas y nunca ovaladas.(Debe ser que llora mucho viendo la tele). -En todas las estancias de la casa deben arder velas con aroma a limón, albahaca o mandarina de la marca Jo Malone. -A la hora del desayuno no debe faltar en la mesa pan de hogaza integral, manzanas de la marca Knudsen o Martinellis, y botellas de agua San Pellegrino en cristal. También pide galletas con chispas de chocolate. Aquí no dice o no sabe la marca y se calla. -En la comida no deben faltar dos botellas de Veuve Clicquot, que como todos los de Bilbao saben es el champan más caro del mundo y que aparte de Barakaldo se bebe en muy pocos sitios. No deben faltar tampoco vitaminas azucaradas ( aquí lo entiendo porque el pobre sigue en los huesos). -Si toma café, le parece bien, pero siempre que sea batido con la cuchara siempre en el sentido de las agujas del reloj.(lo que no dice el capullo es quien se lo tiene que batir) -En el baño exige seis juegos de toallas negras, una silla de maquillaje y un lote de champú anti caída (¿¿??). En la mesita debe haber siempre crema revitalizadora, antiarrugas, con efecto rejuvenecedor, y anti celulitis. También pide un espejo de cuerpo entero (pobrecillo encima cegato).Y bien visible deberá haber siempre unas botellas de Baccardi y siete latas de Coca Cola Zero (debe ser para no engordar) -Para cenar quiere que haya siempre un surtido de ibéricos, cinco jotas mínimo. Otro surtido de quesos, de todos menos del de los gusanos. Y de nuevo agua mineral y bebidas energéticas. Luego dice algo del rascador de pies, pero no lo entiendo. -Y por último, en la peña debe haber siempre una temperatura de 25 grados y medio, necesita que se le reserve el asiento más cercano a la fuente de calor, que el Baccardi esté a temperatura ambiente, que la Coca Cola sea ligth ( debe ser que por la noche la Coca Cola Zero engorda).Y también me obliga a hablar con Vicente y Enrique porque quiere que prohibamos las conversaciones sobre Campsa y sobre cazadores. Tampoco ve con buenos ojos que Miguel se ría de todo, que Sixto se duerma, que Eduardo también se ría de todo, que Cristóbal huela siempre tan bien, que Elvira sea tan discreta y buena persona, que Alfonso se ponga en la esquina, que Ana llegue la última, que Mari Carmen se siente al lado de Arantxa y de Sara, que Iñaki sepa hacer todo lo que él no sabe, y que Mari Cruz se beba un cubata. Bueno me dijo que lo del cubata no le importa, siempre y cuando no le gaste el Baccardi. Descubrí que los únicos que le caen bien son Serafín y Rosalía. Debe ser porque siempre traen cosas ricas para comer y eso al Baraka le llega al alma. -Ah, y dice que si le sacamos fotos no las podemos publicar hasta que él no las someta al Photoshop.Y esto lo da como alternativa, le gustaría que las únicas fotos que se vean en el pueblo sean las suyas. Como veis estoy en un sin vivir. Luego le pasé la llamada a mi hermano que trataba de explicarle que lo de llevarlo en andas es imposible, que las procesiones de Semana Santa son para la Virgen y que no podemos romper la tradición por un capricho de un primo, aunque sea el primo de sus ojos. En cuanto acabe de escribir me voy al Decathlon a comprarme una tienda de campaña. O se va el baraka o me marcho yo, porque esto no se puede aguantar.Y si no voy en Semana Santa, como diría me querido Sabina es porque ME SOBRAN LOS MOTIVOS.